Los listos nunca escuchan

En mi opinión no solicitada de hoy, el 83% del catálogo de Netflix es basura.

Pero de vez en cuando descubres joyas que además sirven de lección de ventas.

Por ejemplo, Drácula, la adaptación de la BBC.

Decir que es buena sería quedarse corto.

Es sublime. Magistral.

Solo te adelantaré una cosa, Drácula al final resulta que es un vampiro. Con colmillos y eso.

 

Bien.

Pues en esta sublime serie el gran personaje Jonathan Harker dice…

Atiende que he visto cursos de copywriting con menos nivel que solo estas tres frases.

Dice…

Siempre he sido lento.

Pero cuando eres lento prestas más atención.

Los listos nunca escuchan”.

 

Mira, esto es muy importante para vender.

Cuando yo era un niño obeso, estaba una mañana de sábado con tres niños que no eran obesos.

Dábamos vueltas por el barrio.

Entonces empezamos a notar que nos seguían unos quinquis.

Nos empezamos a poner nerviosos.

Nosotros éramos unos pardillos y esos quinquis tenían más noche que la luna.

 

El caso es que les vimos sentados en un portal de un bloque de pisos viejos, a unos 20 metros de donde estábamos.

Y Javier, uno de los niños que no era obeso, dijo…

“En cuanto torzamos la esquina y ya no nos vean, corremos”.

 

Eso para mí era un problema, corriendo no podría llegar muy lejos. Sería víctima de los quinquis.

Así que les dije…

Cuando lleguemos a la esquina, mejor vemos qué hacen ellos…”

 

Pero no me hicieron caso, y fue un error.

(Cuando tengas que huir de algún sitio corriendo, escucha al gordo, que ya habrá pensado en tres alternativas antes que tú).

 

Así que nada más torcer la esquina, mis tres amigos no obesos empezaron a correr como locos, yo preferí asomarme, y vi algo…

Vi que los quinquis no salieron detrás nuestro, sino que fueron por el lado contrario, rodeando el bloque, para encontrarnos de frente.

Yo volví por mis pasos y quedé a salvo. Me fui a mi casa.

 

A mis amigos no obesos les pillaron porque eran delgados y listos. Les robaron y les dieron un par de hostias.

Lo normal en cualquier barrio que se precie de serlo.

 

Pero yo me libré porque era gordo y torpe, tuve que obligarme a pensar.

A ir despacio.

A ver otras opciones.

A entender a los demás, no preocuparme de lo que yo haría o pensaría, sino preocuparme de qué harían y pensarían los demás.

 

Bueno, eso enseño en el módulo III de mi curso de copywriting para atrevidos.

Si no haces eso bien, da igual lo rápido, lo guapo y lo listo que seas.

No vas a vender tanto como podrías.

Es lo que hay.

Copywriting para atrevidos

Isra Bravo

*Copywriter Isra Bravo