Lo que aprendí de ventas de mi amigo negro

Te cuento una historia.

Resulta que cuando tenía 14 años tenía un amigo negro.

Pero negro negro.

Se llamaba Eric. Dominicano. Era el primer dominicano que conocía.

El caso es que mis padres vivían a las afueras y un día le invité a comer a mi casa.

Yo era su único amigo blanco y él mi único amigo negro.

Como mis padres tenían un poco de jardín y era verano, salimos a tomar el sol.

A mí no me gusta nada tomar el sol. Pero salí con él porque era mi invitado.

10 minutos después estaba cansado y Eric se quedó allí, sin moverse. Dos horas.

Mi madre fue a ofrecerle otro refresco y le preguntó si le gustaba mucho tomar el sol.

-No señora, no mucho, pero desde que vivo aquí he peldido color, estoy tratando de recuperarlo.

Bueno.

Cuando un tío que es tan negro que parece azul, te dice que está tomando el sol porque desde que vive en España está muy blanco, solo puedes salir silbando de allí sin hacer más comentarios.

Pero mi madre le dijo:

-Pero si estás negrísimo.

-No señora, esto no es nada.

Y siguió otro rato al sol.

Yo le observaba desde la sombra, con mi piel pálida, mi camiseta negra de Metallica y mi pinta de adolescente empanado y atormentado.

Bien.

Sobre conceptos, tu visión y la del otro.

Mucha gente tiene la idea de que para vender debe contar cómo es su producto dando todas las explicaciones posibles para que su cliente pueda tomar una decisión.

Eso es perder el tiempo.

La gente suele estar pensando en mujeres, en hombres,

en tartas gigantes de chocolate, en dejar propina o no, en lo gordo que se ha puesto su cuñado,

en porqué no le ponen aperitivo si a la mesa de al lado le han puesto, en tener una aventura con su compañera de trabajo, en cómo tener mejor culo,

en ser poderoso y despedir al idiota del Director del banco que le negó el préstamo, en largarse al otro lado del mundo, en lo feo que es el hijo del vecino,

en si cambiar las ruedas del coche, en sorprender a su pareja con una cena…

Si entras ahí, justo ahí, es bastante posible que te acabe comprando.

Pero si no entras en su cabeza, no hay nada que hacer.

De la página 23 a la 25 de mi curso te enseño la manera más sencilla de entrar en la cabeza de cualquier persona para vender cualquier cosa.

Es bastante sencillo en realidad.

Copywriting para atrevidos

Isra Bravo

*Copywriter Isra Bravo