Lo que nunca se tiene que hacer cuando las cosas se tuercen

Decía William Burroughs que lo mejor de ser yonki es que todo dejaba de preocuparte, excepto tu próxima dosis.

No te preocupaba el alquiler.

Ni tu aspecto.

Ni tus amistades.

Ni tus padres.

Ni tus hijos.

Nada.

Solo la siguiente dosis.

 

Una vez, fui a enseñar un piso de obra nueva a una pareja y cuando entramos a la obra, había un yonki durmiendo en lo que iba a ser su salón.

Vaya plan.

Me acerqué para decirle que se largara de allí pero se levantó y se puso a enseñarnos el piso.

-Este ej el salón… mu grande y puede descansar toa la famili…

 

Los dos potenciales compradores y yo nos mirábamos sin decir nada. Esperando que el mundo siguiera su curso y el yonki se desmayara o algo.

-Veniz veniz por aquí… esta ej la cocina, se puede cocinar mu rica. Y por aquí los habitaciones. To recto por el pasillo, yo ya vuelvo pa el sobre que me entra sueño por la mañana.

Y el yonki se fue a tumbar donde le habíamos encontrado.

 

El caso es que, para quitar hierro al asunto, le dije a la pareja, “bueno, si al final os decidís por el piso la comisión que se la lleve el yonki que para eso es el que os la ha enseñado”.

Les hizo gracia. Un poco. No mucho tampoco.

Al menos no lo suficiente como para querer ver más pisos conmigo. Pero cometí un error de principiante.

Les perseguí, les insistí y les di muchas opciones.

Y es que es justo al revés, la temperatura le tiene que subir al que le quieres vender, no a ti.

En todo caso, aquí te enseño cómo hacer eso:

Copywriting para atrevidos

Isra Bravo

*Copywriter Isra Bravo