Rentabilizar la derrota

Si no tienes una ventaja competitiva, no compitas.

Jack Welch

 

 

Aquí va una historia.

Me acordé de ella ayer por temas que no vienen al caso.

 

Cuando era crío, crecí en un barrio.

Los barrios chungos de las grandes ciudades, como cualquiera que allí creció sabe, tienen sus reglas.

Y hay conceptos de honor y supervivencia. No se habla de ello, simplemente, están.

Es muy posible que estos conceptos estén en muchos otros sitios. Pero yo no me crié en muchos sitios, me crié en uno.

 

El caso es que en mi barrio había una cancha de baloncesto.

Que uno estuviera jugando en la cancha no te garantizaba nada. Si llegaban unos tíos más mayores o más numerosos, querrían la cancha. Por las buenas o por las malas.

¿Y qué hacíamos?

¿Llamar a nuestras mamás?

¿Buscar el consenso entre autonomías?

¿Le decíamos a la cancha que le íbamos a cambiar la vida porque era nuestra misión?

 

Nada de eso. Nos pegábamos.

Y las cosas eran muy simples.

Si ganabas, pues te quedabas jugando.

Si perdías, te ibas.

No pasaba nada por perder, eso estaba aceptado.

Lo que jamás, bajo ningún concepto podías hacer, era perder, tener que salir de la cancha y quedarte mirando cómo jugaban otros.

Eso nunca.

La humillación nunca es la derrota, pues todos perdemos, es lo que haces con ella.

 

Bien.

En mi curso de cartas de venta, el que sube de precio inevitablemente este viernes a las 23:59h hablo de algunos ángulos de venta que nada tienen que ver con el triunfalismo.

Bien al contrario.

No hay que ser el más guapo, ni la más lista, ni el mejor en nada. Pero sí tienes que tener códigos, interiorizarlos y respetarlos.

 

No se puede pedir respeto a los demás si no te lo tienes a ti mismo.

Cuando muchas personas, algunas de ellas realmente válidas, se quejan del tipo de clientes que tienen, que les pagan poco, les regatean, les cuestionan y que encima, llegan a cuenta gotas…

Deben asumir que eso es una derrota y que es culpa suya.

No de los clientes, suya.

 

Pero no deben avergonzarse de esa derrota. Nadie se libra de ellas.

Lo que debe hacer es entender que lo último que se hace en un caso así, es quedarse mirando el partido del que a ti te han echado.

Eso no se hace. Nunca.

 

Bueno, basta de valor por hoy.

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Isra Bravo

*Copywriter Isra Bravo