Anoche fui infiel y es lo que parece.

Hablemos de defectos.

Hablemos de vender.

 

Cuanto tenía unos 20 años fui a un curso, que duraba una semana, en el que nos formaban en ventas.

Esos cursos normalmente son mortalmente aburridos.

Estás rodeado de gente y hay paradas para el café y todo va muy lento porque ni te gusta ese café ni te gusta esa gente.

 

El caso es que el último día la cosa se puso interesante porque el encargado de dar el curso, nos dijo que apuntáramos en un papel nuestro mayor defecto o nuestro mayor pecado más reciente.

E insistió en algo…

No tengáis ningún miedo, no se trata de juzgar a nadie. Os vais a dar cuenta de que con los defectos también podemos vender.

 

Bueno, la gente apuntó en un papel su defecto o su pecado más reciente.

Entonces, uno a uno fueron leyendo cosas tan terroríficas como…

 

-Soy muy cabezota.

-Me preocupo mucho por los demás y me olvido de mí, considero que eso es un defecto.

-Soy demasido perfeccionista. Puede resultar agobiante para los demás.

-Me vuelco tanto en el trabajo que me olvido de mis amigos y mi familia.

-El otro día llamé a un taxi pero antes de que llegara vi uno en verde y me subí, dejé tirado al que tenía encargado. Eso no se debe hacer.

 

Y así. Ni Charles Manson confesaría cosas tan duras.

Entonces llegó mi turno y bueno, yo me había tomado en serio el jueguecito ese y dije…

-Anoche fui infiel.

 

Era verdad, tenía una novia, pero también tenía un amigo y esa noche salí con mi amigo.

Y descubrí a una chica a la que le gusté. Y ese gusto es mi favorito.

¿Qué le guste viajar?

¿Qué le gusten los idiomas?

¿Los animales?

No, gustarle yo. Eso es lo que más me gusta que le guste.

Entonces la miraba y la susurraba tonterías de esas que susurras cuando quieres parecer un tío con “toke”.

Cuando quieres fingir que eres especial y ella finge que se lo ha creído.

Cuando quieres ser único durante un rato y ella te concede ese baile.

Y ella se reía y yo me lo creía y todo me subía y no me dio tiempo a acordarme de nadie excepto de mí.

Fin del cuento.

 

Vale.

Aquello les pareció fatal a todos.

A ver, yo no estaba orgulloso, pasó y ya está.

Además estaban pidiendo algo feo y yo quería saber qué me podían enseñar a vender diciendo algo feo de verdad.

No quería aprender a vender siendo cabezota, ni perfeccionista, ni “defectos” de parvulario.

Quería aprender a vender siendo infiel.

Quería ver el defecto, llegar al final, retorcer y luego ver qué pasa.

Ser intenso, molestar y causar rechazo. Quería aprender eso.

Eso es lo que nos habían pedido. Que fueramos sinceros.

Pero no tuve suerte.

Mi pecado no le gustó al que daba el curso.

Ni que le hubiera sido infiel a él.

Montó un pequeño revuelo, empezó a decir que aquello no era un defecto sino falta de ética y entre unas cosas y otras no pudimos continuar.

Y me dijeron que me fuera para casa, no querían infieles.

Querían cabezotas y perfeccionistas cuyo mayor pecado en la vida fuera dejar tirado a un taxista.

A veces las cosas son más raras de lo normal.

 

Bien.

Tengo un curso de email marketing que enseña la psicología que hay que aplicar para que un ser humano le venda a otro ser humano.

Si lo más grave que has hecho en tu vida es ser muy perfeccionista creo que no le vas a sacar mucho partido.

Entre otras cosas porque es mentira.

Y se vende mucho más diciendo la verdad, por eso lo digo.

Curso de email marketing

Isra Bravo

*Copywriter Isra Bravo