Así quemaron mi primera carta de ventas

Si quieres vender online, esta historia lo mismo te ayuda.

Cuando tenía trece años no era un chaval muy espabilado.

No era buen atleta. No era buen estudiante. No era guapo. No era popular. No era gracioso. No era creativo. No era.

Las chicas me gustaban tanto que todo mi tiempo, energía, sueños y pensamientos, empezaban y morían con la mirada de alguna de ellas.

Una tarde de verano estaba dando vueltas sin hacer nada, como deben ser las tardes de verano.

Y del portal de al lado salió una chica tan guapa, que sentí que todos los hombres del mundo eran mis enemigos a partir de ese momento.

Todos.

Sin excepción.

La chica se acababa de mudar allí con su familia y tenía 16 años.

Las posibilidades de que una chica de 16 años se fije en un empanado de 13 son tan remotas como ganar dinero online vendiendo con plantillas. Quizá más.

Pero maquiné un plan.

Un plan mágico. Un plan único. Un plan irresistible. Un plan subnormal.

Bien.

Me enteré del piso en el que vivía y le empece a escribir cartas. Cartas larguísimas. 12 o 14 folios. Al menos una o dos a la semana.

No eran cartas de amor, porque aunque yo era un inseguro y un panoli, el amor me parecía de blandos y de nenazas. Algo que los hombres deben llevar por dentro.

En secreto.

Eran cartas donde le contaba cosas sobre la vida.

Ahora viene lo bueno.

Una tarde, María, que así se llamaba la chica, quedó con Marta, la hermana de mi amigo Sergio. Se habían hecho amigas.

Y coincidimos en el parque que teníamos al lado de casa donde los punkis iban a fumar porros, beber cerveza, intercambiar pulgas con sus perros y darse de hostias.

Se sentaron con nosotros. Nunca había pasado.

En una de estas, María sacó la última carta que le mandé y empezó a leerla.

Sentí que abrían todos los grifos de mi cuerpo, las gotas de sudor resbalaban por detrás de mis orejas y pasé frío una tarde que hacía 40 grados.

Mis palabras puestas en su boca hacían temblar mis rodillas. Me senté y esperé el fin del mundo.

¿Final feliz? ¿Chica enamorada con mis textos irresistibles? ¿Ganas de conocer al príncipe secreto?

Naaa… cuando acabó, bostezó, sacó un mechero y quemó la carta. No comentó nada. Nadie lo hizo.

Indiferencia.

Cenizas.

Bueno, esto le pasa a la mayoría de la gente que monta una web.

Escriben paginas de venta que no saben vender nada a gente a la que no le interesa comprar eso.

Oye, si no es tu caso, genial. Si te leen y compran, entonces sabrás lo que eso significa.

Los que están recibiendo las bofetadas de la indiferencia, que miren aquí:

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Isra Bravo

 

*Copywriter Isra Bravo