La tortura para mantener la cordura
Uno de mis trabajos, cuando tenía 17 o 18 años, era desescombrar. Era una obra de 200 chalets. Consistía en subir las cuatro plantas de cada chalet, empezando por la última planta, meter los escombros en un saco y cuando lo llenaba bajarlo y volver a subir a la planta donde lo hubiera dejado. Normalmente, […]
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