Cómo utilizar anclas para sobrevivir en la jungla online

Este email es un email importante.

Los habrá que lo pillen. Los habrá que no lo pillen. Pero es importante.

Puedes hacer muchas ventas solo con leer con atención este email.

 

Mira.

Cuando tenía 6 años llegué a un nuevo colegio.

Yo era un niño muy delgado (luego me hice gordo) y muy guapo (luego me hice hombre).

 

También tenía unas gafas que mi madre siempre me advertía, “no las pierdas. Debes cuidar de tus gafas. Tus gafas son importantes para ti”.

“Vale, Mamá”.

Aquel consejo de madre sensata me costó una patada en la boca.

Ahora te lo cuento y vas a ver porqué puedes hacer muchas ventas con este email.

 

Bien.

El caso es que aquel primer día de colegio, a la salida, cinco compañeros de clase me invitaron a acompañarlos a una callejuela que estaba detrás.

Fui.

 

Me rodearon y me empezaron a empujar.

Yo todavía no tenía miedo. Todavía, no. Aquello me parecía tan raro que no tenía ni miedo.

Luego, uno de ellos, me dio un puñetazo. Después unos pocos más, en la cabeza y en la tripa.

Ahí ya sí tenía miedo. Y me defendí.

Cuando te rodean cinco personas para pegarte no te defiendes por valiente, te defiendes porque quieres sobrevivir.

De una de las hostias, por la espalda, se cayeron mis gafas al suelo.

Justo en un charco de tierra.

Así que cometí un error de principiante.

 

¿Qué error?

Irme al suelo para pillar las gafas.

Cualquiera que sepa algo de problemas callejeros sabe que jamás debes ir al suelo. Si vas al suelo, reza. O mejor, no vayas nunca al suelo.

Pero fui al suelo.

 

A ver, mi madre me decía que no perdiera las gafas, que cuidara de ellas. Y yo hacía caso a mi madre por lo menos una de cada cuatro veces.

Esa vez la hice caso.

Y cuando estaba en el suelo para recoger mis gafas, uno de mis compañeros me dio una patada en la boca tan fuerte que me mareé y vomité.

Ahí se asustaron ellos. Y se fueron corriendo. Creo que fue corriendo, pero no lo vi, lo escuché un poco de fondo.

 

Cuando me levanté, recogí las gafas. Salvé las gafas. Me las puse para que se notara menos que estaba llorando.

Pero conservarlas me hizo sentir bien. Mis gafas eran importantes para mí. Debía cuidar de ellas.

 

¿Qué clase de animal descerebrado no cuida y protege las cosas importantes de su vida?

Conservarlas me hizo sentir fuerte.

Me hizo sentir valiente.

Me hizo sentir importante.

Ese fue mi ancla.

 

(Luego me vengué de todos y nunca me pasó nada ni parecido. Como en Karate Kid).

En todo caso, si quiero saber cómo se siente una persona humillada y con infinita vergüenza, solo tengo que pensar en aquellas gafas enterradas en un charco de arena.

Ese es mi ancla. Ese es el ancla que le dibujo al que se cree derrotado para advertirle que no lo está. Ahí está la emoción.

Y en mi curso de email marketing, te enseño a que utilices tus historias, tu cabeza, tu personalidad y tu vida, para generar ventas con el poder de las historias.

Todos los días. Uno tras otro.

Un día.

Y otro.

Y otro más.

Y así.

No es para niños. Ni para hijos de puta que atacan por la espalda.

Curso de email marketing

Isra Bravo

*Copywriter Isra Bravo