Cuentos de Navidad para vender online (Parte I)

Cuando era pequeño, pedí un juego de baloncesto para Reyes. 

Apretabas un botón, salía un chorro de aire y lanzaba la pelota hacía la canasta. 

Era básico. 

Es que yo tuve la suerte de ser un niño en los 80. 

El caso es que pedí eso para Reyes. 

¿Qué me trajeron los Reyes?

Pues una imitación cutre de lo que había pedido. Cutre y triste. La versión comunista de una cancha de baloncesto. 

Una de las canastas estaba doblada y era más larga que la otra. 

Me llevé un disgusto enorme. 

 

Bien. 

Al siguiente año pedí unos guantes de portero y me llegaron unos guantes de lana, otra decepción. 

Pero mi viejo, me tenía reservada una sorpresa para la eternidad. 

-Isra, vete a por mis zapatillas que las tengo debajo de mi cama. 

-Vale, papá. 

Y, cuando me agaché, me encontré de golpe con unos guantes de portero con la media luna que tenían los de los porteros de verdad. 

Aquello fue tan emocionante que no pude hablar. Tenía todos mis sueños en las manos. Literalmente. 

Jugué con esos guantes hasta que una lesión de rodilla me privo de… no, es broma… 

jugué con esos guantes hasta que con 13 o 14 años entendí que era demasiado malo incluso para jugar en mi barrio y me empecé a interesar por otras cosas. 

Y, sobre otras cosas que te puedan interesar… 

cuidado con esos cuentos de Navidad de “despedir a tu jefe”, “ser libre” y otras historias, te lo digo, porque sin duda alguna, lo peor no es el jefe, para nada, si montas un negocio, lo mismo tu jefe te acaba pareciendo un bendito, no sé. 

¿Qué es lo peor de tener un negocio? 

Eso te lo cuento mañana. 

Hoy, te ofrezco una cosa que te puede venir muy bien, tanto si eres el jefe, como si quieres serlo. 

Copywriting para atrevidos

Isra Bravo

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