La crisis que se llevará a muchos por delante

Dicen que se avecina una crisis.

Puede ser, tampoco estoy seguro. Tengo la bola de cristal en el taller.

Pero dicen que se avecina una.

 

Normalmente en las crisis, la gran mayoría pierde mucho y unos pocos ganan otro mucho.

Bastantes personas, cuando fracasan suelen culpar a los demás.

Como diría Fred Schwed, “el consumidor quemado prefiere creer que le han robado en vez de admitir que ha sido un necio aconsejado por otros necios”.

 

Muy poca gente sabe gestionar el pánico.

La gente sin bases sólidas, ante una crisis corre como pollo sin cabeza, buscando culpables, vendiendo rápido y de mala manera sus activos y temblando de miedo.

Sin embargo, la gente preparada, sólida, (no hablo con dinero, mucha gente sin dinero hace dinero con las crisis) aguanta hasta el final, sabe que después de la tormenta siempre viene la calma.

El aficionado abandona el plan, el profesional no solo no lo abandona, es que se vuelca más todavía.

Esto, que no lo digo yo, que es algo que está estudiado, es muy fácil de decir y casi todo el mundo lo sabe, pero a la hora de la verdad, la mayoría es presa del pánico colectivo.

La gente chilla y corre.

Es lo que hay.

 

Calma, un sistema y conocer lo que haces y el motivo por el cual lo haces, es una gran receta anticrisis.

 

¿Lo que haré si viene una crisis?

Me levantaré como cada mañana, sonreiré, llevaré a mi pequeña al cole, le contaré un cuento, escribiré un email y venderé lo que sea que tenga que vender.

Y puedes estar seguro, que si no me llama San Pedro para que vaya a vender a las puertas de cielo, eso será exactamente lo que sucederá.

Me levantaré, sonreiré, llevaré a mi pequeña al cole, le contaré un cuento, escribiré un email y venderé lo que sea que tenga que vender.

Y eso no es porque yo tenga ningún súper poder, es simplemente, porque utilizo el copywriting para controlar unas emociones e influir en otras.

Y de eso va este juego.

Bueno, si necesitas ayuda, mira aquí:

Curso de email marketing

Isra Bravo

*Copywriter Isra Bravo