Llámame loco, pero… esto funciona

Hace un par de semanas vino mi amigo Néstor a visitarme.

¿Qué fue lo primero que me preguntó?

—¿Has visto lo que nos han liado los cabronazos de los alemanes con Pinchenmog?

¿Y lo segundo?

—Isra, ¿dónde me invitas a comer?

Antes de comer nos fuimos a disfrutar de cerveza alemana.

Lowenbrau.

Rememoramos nuestros años en Illescas (Toledo).

Mira,

yo me críe unos años en Madrid, después mi familia cambió.

Durante unas semanas tenía que pillar un autobús para ir al instituto de Illescas donde estaba matriculado.

Apenas duré dos meses porque de chaval tenía problemas de concentración.

Que era un vago, para que me entiendas.

El caso es que al llegar conocí a un chico que se llamaba Orlando, como el tomate, que era de un pueblo, Esquivias.

¿Qué fue lo primero que me preguntó?

Que si tenía caballos en casa.

¿Y lo segundo?

Que si tenía gallinas.

Yo era un pardillo de ciudad.

Allí el caballo era la heroína y los pollos los gramos de coca. Esa era toda la granja de la que habíamos oído hablar de chavales en el barrio.

Pero este chico, Orlando, como el tomate, era un chaval de campo, que tenía conejos, gallinas y esas cosas.

Nos hicimos amigos.

Néstor y yo nos acordamos de la pandilla de Illescas mientras le emborrachaba para anular su voluntad y llevarle a un chino.

—¿En serio que estoy en Asturias y me llevas a un chino?

Te confesaré algo, soy algo niño.

Para mí la amistad es infancia. Aunque el amigo lo hagas de mayor.

Y un chino cutre y una borrachera con un amigo es como fumar a escondidas.

Como esconder una revista guarra debajo del colchón.

Como beso, verdad o atrevimiento.

Como jugar en la calle hasta que las madres nos gritaban por la ventana.

Como dormir por primera vez fuera de casa.

Como soñar encerrado en tu cuarto acompañado por Calamaro.

Como acompañar a papá al trabajo.

Como llorar cuando pierde tu equipo.

Como firmar la escayola del compañero de clase.

Como escribir un diario. (A mano)

Como prender con un mechero una nube de azúcar.

Como robar un par de monedas a tu madre para comprar cromos.

Como ser rechazado por la chica más bonita del mundo.

Como ser aceptado por la más bonita del universo.

Como cantar canciones en el autobús que te lleva al campamento…

Por cierto, tu cliente también lleva un niño dentro. A veces asustado. Otras ilusionado.

Háblale como a un ser humano y te lo agradecerá trabajando contigo.

Copywriting para atrevidos

Isra Bravo

*Copywriter Isra Bravo