Ponerse límites para desafiar las ventas y reventar la banca

Hablamos de los problemas de ventas de muchas marcas.

Un gran problema es que no se ponen límites.

Oh.

 

¿Ponerse límites?

¿Pero no hay que soñar con cambiar millones de vidas y el cielo es nuestro techo y desafiar las zonas de confort y vivir cada día como si te quedaran 10 segundos?

Pues no.

Vaya estrés, vaya angustia.

 

¿Pero no hay que vivir tan intensamente que cuando te despiertas en vez de una ducha debes entrar mar adentro, cazar un tiburón y subirlo a twitter?

Calla, brasas.

Dame un café. Déjame vivir con mi vida aburrida, con mis cafés y mis tardes sin hacer nada.

Con mis pelis tontas y mis programas para idiotas.

Soy un tipo normal no un súper héroe de instagram.

 

Bueno.

Hay que poner un límite. Un límite claro y conciso.

La mayoría de la gente no quiere ver su limitación. La ven donde no la tienen que ver y no la ven donde hay que verla.

Esto es así.

 

Entonces quieren ser una marca para hombres y para mujeres, y para ricos y para pobres, y para urbanitas y para motañeros, y para todo el que se cruza porque su marca es… (redoble de tambores)

Para todo el mundo, en realidad.

 

(Ahora mismo estoy silbando, mirando hacía otro lado, sin saber cómo decirle que Raúl, el hásmter de mi hija, tiene más posibilidades de hacer dinero con un negocio).

 

La mayoría de las marcas no tienen personalidad.

Hacen (y no digo que esté mal) 50 simulaciones con nombres en inglés sobre estrategias y flow y flash y bla y bla y bla.

 

Pero es mejor hacer una, una muy simple.

Tú agarras fuerte entre tus manos lo que vendas. Da igual lo que sea, da igual que sea muy grande.

Tú lo agarras fuerte con las manos.

Lo DOMINAS.

Lo miras detenidamente. Como si fueras un gorila con una mariposa entre las manos. La miras y la miras y la miras.

Luego miras para quién podría ser eso.

Cuando ya sabes para quién es eso, tienes que mirar y mirar y mirar.

Qué piensa, qué siente esa gente…

Lo unes.

Lo haces constantemente hasta que te mueras.

 

Y nunca dependerás de nadie.

Tú mandas.

Si necesitas ayuda para saber dónde mirar y para armar el mensaje, lo mismo esto te interesa.

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Isra Bravo